La culpa y sus dinámicas

Sin darnos cuenta, de golpe, estamos en medio de un torbellino. Lo que hubiera sido una conversación útil, ha dejado de serlo. Hemos caído en la dinámica de la culpa. Hace rato que lo solución ha dejado de ser lo importante.

La culpa está presente en todas las áreas de nuestra vida. Nos aferramos a ella al gestionar los problemas en nuestras casas, en nuestras organizaciones, con nuestros amigos, con nuestras parejas o con nosotros mismos.

Es muy fácil caer en su dinámica y requiere mucha humildad y autocontrol salir de ella. Para muchos, es la respuesta natural ante el conflicto y las situaciones de vulnerabilidad.
Lamentablemente, muchas más veces de las que sería deseable, nos olvidamos toda la carga negativa e improductiva que conlleva gestionar casi cualquier situación desde este enfoque.

Cuando caemos en su dinámica y nos dejamos llevar por ella, ésta rápidamente genera una reacción en cadena.

Cuando abordamos el conflicto desde la culpa:

  1. Automáticamente generamos una actitud defensiva en la otra persona.
  2. Abonamos el suelo para la crítica poco constructiva y la justificación estéril.
  3. Bloqueamos nuestra capacidad y la del grupo para aprender de la situación. Crecer deja de ser lo importante y la prioridad es ponerse a salvo.
  4. Dejamos de enfocarnos en la solución. Estamos demasiado ocupados buscando los culpables. Derrochamos tiempo, recursos y energía en señalar en lugar de construir.
  5. Contribuimos a generar una cultura con un bajo nivel seguridad psicológica en la cual prima el miedo, se ocultan los errores y no se hacen propuestas innovadoras por miedo a equivocarse.

Estos son solo algunos de los riesgos observables al operar bajo la dinámica de la culpa. Estoy seguro de que se os ocurren un puñado más.

Entonces, ¿cuál es la alternativa? La alternativa es fácil de escribir pero difícil de hacer, como muchas de las cosas buenas que hay en la vida. Yo mismo, me encuentro escribiendo este artículo para reforzar y consolidar una alternativa a ella en mí día a día y siempre estoy intentando incorporar nuevas ideas.

La clave consiste en identificar cuando te estás dejando llevar por la dinámica de la culpa y ser capaz de contener ese torrente. Solo eso ya es un hito que merece la pena de ser reconocido.

Una vez hemos frenado.

Una buena metodología podría ser la siguiente:

  1. Analizar de manera clara nuestra contribución a la situación. No se trata de repartir la culpa sino de intentar entender qué es lo que ha ocurrido. Aunque pensemos que lo hemos hecho todo bien, es necesario detenernos e intentar analizar la situación de forma empática, buscando entender cómo nuestras acciones o comportamientos han podido ser interpretados por la otra persona. Entender y dar espacio no quiere decir validar ni estar de acuerdo.
  2. Asumir que nuestras suposiciones, son solo eso: suposiciones y que deben ser contrastadas antes de ser usadas para guiar nuestra conversación. La realidad es mucho más compleja que nuestra visión del problema. Hemos de preguntar y ser proactivos en clarificar tanto aquello que pensamos como aquello que interpretamos.
  3. Pasar del foco de razón/culpa al foco de aprendizaje. Generar un proceso de aprendizaje enfocado a entender lo ocurrido. La idea es explorar y ayudar a los demás a analizar lo ocurrido para dejar atrás los impedimentos e incorporar soluciones efectivas a la situación.

Salir de la dinámica de la culpa para entrar en la dinámica del aprendizaje. No significa no asumir la responsabilidad sino hacerlo de una manera saludable.

Aquí van algunos libros por si quieres profundizar más